sábado, 14 de abril de 2018

Más de un año...


(...) Te he buscado amor mío, en cada átomo que de ti está disperso en el universo. He recogido cuantos de ellos me ha sido posible, en la tierra, en el aire, en el mar, en las miradas y en los gestos de los hombres. (...)
Antonio Tabucchi


Tú eres mi primer pensamiento al despertarme y el último al acostarme.
Saber que estás ahí, que existes, que eres, es suficiente para mi.
Entraste en mi vida por casualidad y ya no te has ido.

No me perteneces ni te pertenezco; me entristece pensarlo.
Otras manos te acarician y te sujetan, otra voz te susurra dulces palabras, otros ojos te contemplan y otro cuerpo te abraza.
Yo me quedo con la parte de los sueños, donde nadie nos molesta, donde somos uno solo, donde siempre será así.

Te he buscado largo tiempo, como decía nuestro autor favorito, y te he encontrado cuando más te necesitaba; cuando, como un pobre desahuciado había abandonado toda esperanza.
¿Cuánto tiempo dejarás que nuestros caminos sigan discurriendo juntos? ¿Te armarás de valor o claudicarás al fin?

Mientras tanto, me bebo tus palabras a grandes sorbos, sedienta, queriendo siempre más. 
Y aunque maldigo tu cobardía me reconozco en ella ya que se que no tengo el valor suficiente para escapar.


lunes, 9 de abril de 2018

La carta

Querido...

Han pasado dos días desde la última vez que nos vimos y ya te echo de menos.

Extraño dormir a tu lado, tus abrazos, tus caricias, los susurros a media noche, tus besos siempre urgentes, tu olor...
Extraño oírte en la cocina mientras preparas el desayuno, el ruido de la ducha y tus canturreos, la forma que tienes de fruncir el ceño cuando estás concentrado.
Lo nerviosa que me pongo aún cuando me miras, esa sonrisa torcida tuya, tu brutal sinceridad y tu brillante sentido del humor.
Extraño tu cuerpo, que tan bien se acopla al mío, tus manos y tu mirada tierna.
Echo de menos esa manera tuya de hacerte el duro, aunque ambos sabemos que es solo una pose, porque tú,cariño, eres la persona más dulce que conozco.

¿Recuerdas aquel fin de semana que pasamos en el campo?. Encontramos aquel perro que parecía no tener dueño y tú, que dices odiarlos, dejabas que nos acompañase en nuestros paseos. Él trotaba feliz a tu lado y te miraba como si no hubiese nadie más en el mundo.
Yo soy ahora ese cachorro, te soy fiel y mi amor por ti es incondicional. Soy feliz cuando me regalas una palabra o un gesto de cariño. Me he convertido en una mendiga y tú eres el único que puede salvarme.
¿Aún no te has dado cuenta de cuánto te quiero y te necesito?. Se que eres consciente, pero a pesar de todo, también puedes ser muy cruel cuando te lo propones. Obsequiarme con palabras que hieren y se clavan en lo más profundo.
Quizás piensas que en una de estas dicidiré que ya no te amo.
Pero eso es imposible, tú lo sabes y yo también lo sé.

Se hace tarde, debo irme aunque no quiera.
Hoy nos despedimos de ti y todos me esperan.

Aguarda amor y no me olvides.
Esta noche de nuevo te veré en mis sueños

miércoles, 28 de marzo de 2018

Felicidad

Bailamos bajo la lluvia 
Nada nos turba
Hundimos nuestros pies descalzos en la hierba
Y gritamos, reímos, lloramos, cantamos...
Nos cojemos de las manos y damos vueltas sin parar, jugando como hacíamos de niños, casi hasta marearnos
Y paramos, caemos al suelo exhaustos, sin aliento, uno al lado del otro.
Nos miramos durante un rato, sin decirnos nada
La lluvia sigue cayendo sobre nosotros 
Moja nuestros cuerpos
Pero nada importa
Seguimos allí tumbados hasta que anochece, atesorando para siempre en nuestra memoria este momento.




sábado, 24 de marzo de 2018

Micromundos (II)

Me observas en silencio con una media sonrisa.
No sé que estás ahí y despreocupada bromeo con mi acompañante.
Tus ojos siguen cada uno de mis movimientos.
Yo, continúo ajena a todo.
Levantó la vista y estás.
Corazón deja de latir violentamente. Mejillas, no os sonrojéis. Piernas, responded.
Camino a tu encuentro, desenvuelta.
Saludo con un gesto y me voy.
Corro, corro y no me detengo hasta llegar a la esquina de la calle.
Ojalá estuviésemos solos para decirte cuánto te quiero.

Micromundos (I)

Hoy te vi.
Abrigo oscuro y mochila al hombro.
Pasé por tu lado y rocé tu brazo.
Te diste cuenta, posiblemente una milésima de segundo tarde.
Yo ya me había perdido entre la gente.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Día mundial de la poesía

Hoy 21 de marzo, es el Día Mundial de la Poesía y como no, quiero hacerle mi particular homenaje.

Debo agradecer a mi padre que me la descubriese hace ya unos cuantos años. Él me enseñó algunos poemas y me compró mis primeros libros de poesía. Gracias a él la aprecio y me emociono al leer los versos de grandes poetas.

Como yo no sé rimar, mejor os dejo un poema de uno  de mis poetas favoritos, el maravilloso Ángel González:

Cumpleaños de amor

¿Cómo seré yo  
cuando no sea yo?  
Cuando el tiempo  
haya modificado mi estructura,  
y mi cuerpo sea otro,  
otra mi sangre,  
otros mis ojos y otros mis cabellos.  
Pensaré en ti, tal vez.  
Seguramente,  
mis sucesivos cuerpos  
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-  
se pasarán de mano en mano,  
de corazón a corazón,  
de carne a carne,  
el elemento misterioso  
que determina mi tristeza  
cuando te vas,  
que me impulsa a buscarte ciegamente,  
que me lleva a tu lado  
sin remedio:  
lo que la gente llama amor, en suma.  
Y los ojos  
-qué importa que no sean estos ojos-  
te seguirán a donde vayas, fieles.





martes, 20 de marzo de 2018

Pequeña

Dormía plácidamente y su madre, a la que aún no conocía, la contemplaba arrobada.

Era preciosa. Aquel pelo tan suave, oscuro y brillante, sus largas pestañas, sus ojos almendrados que lo miraban todo con curiosidad, su boquita de labios finos que se curvaban constantemente en una sonrisa deslumbrante que le robaba el corazón.
Su mano agarraba con fuerza la de su madre, como reclamando su atención.
Decía, no me sueltes nunca.
Ella no pensaba hacerlo. Ahora que por fin estaban juntas no pensaba dejarla marchar.
Se había jurado a sí misma cuidarla y protegerla. Entendía por fin eso que llaman amor incondicional.

Cuando supo que ella llegaría a su vida, se imaginó muchas veces cómo sería; la veía en sueños, notaba su presencia en la casa, aunque no era más que una fotografía colgada en la puerta de la nevera.
Algún día, cuando hubiese crecido lo suficiente, le contaría su historia. Cómo había deseado su llegada tanto tiempo, cómo anhelaba estrecharla entre sus brazos. Todas las dificultades y el largo camino que había tenido que recorrer para tenerla. Pero las lágrimas, los momentos de desesperación, la frustración mal contenida, ya habían pasado. Y aquí estaban las dos, solas frente al mundo.

Cruzó la puerta del centro y el funcionario de turno le entregó sus papeles.
Sólo faltaba un trámite más y el proceso habría terminado.
Escriba aquí su nombre y el de la niña, señora, le dijo.
Su mano temblaba pero logró hacerlo.

Salió por fin de aquel edificio deprimente.
Ambas se miraron y ella le susurró entonces: bienvenida al mundo, pequeña.