sábado, 20 de mayo de 2017

Io e Te

Me acuerdo como si fuera ayer de aquel verano, el primero que pasamos juntos.
Le pediste prestado el coche a tu madre y viajamos al sur, por carreteras secundarias.
Cantábamos a voz en grito con las ventanillas bajadas viejas canciones de Vasco y Ligabue, que yo había aprendido de ti. No teníamos prisa por llegar y a ti te encantaba detenerte en algún sitio que no conocías y explorar. 
Dejamos atrás la Toscana y el bullicio de la capital. Comimos en una pequeña osteria una pasta como la que cocinaba tu nonna. 
Compramos Fragolino en aquel pueblo a las afueras de Roma. Y lo bebimos sentados en el capó del coche de tu madre. Recuerdo que quemaba porque hacía mucho calor, y el vino estaba caliente, pero no importaba porque estábamos juntos y tú me enseñabas nuevas palabras en un idioma que pronto sería el mío.
Y seguimos recorriendo carreteras secundarias, cantando siempre a pleno pulmón las mismas cuatro canciones.
Y llegamos al mar; primero Nápoles, Sorrento después. En aquella casa que habías alquilado por una semana fuimos libres. 
Me llevaste a Pompeya, ¿lo recuerdas? Allí,sentados en el anfiteatro,me confesaste tu anhelo de ser actor. Tenías grandes sueños y yo solo soñaba contigo.
Te empeñaste en viajar a Capri, en ver los barcos que llegaban al puerto y sentarnos en la orilla de aquella playa de guijarro. El mar estaba en calma y yo me reía de tus historias.
Esa tarde, en la Grotta Azzurra, en el silencio de aquella cueva me dijiste por primera vez que me querías.
Nunca hemos vuelto a ser tan felices como ese verano.
Y aún hoy las imágenes, los olores, el sonido de nuestras risas vuelve a mi mente, tan claro como aquella vez.
Y por las noches, en la cama que todavía compartimos, en la oscuridad, te hablo muy bajito y te pregunto que es lo que nos pasó.
Y tú, susurrando casi, me respondes: "la vida;  simplemente la vida".

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